jueves, 8 de diciembre de 2011

Te regalo mi mundo, nuestro mundo.

Te leí en voz alta, dejando que volaras pintando mi cielo de vivos colores, dejando que las estrellas fueran nuestros instantes, que los suspiros fueran sus nubes y que lo caliente de nuestros besos fueran el combustible que alimenta a este sol efímero,

hecho de inseguridades que reflejan el horizonte de nuestras miradas al juntarse. Paradojas en nuestro tiempo creado por nuestras ausencias y ensordecedores silencios que habitan esté nunca jamás donde nos imaginamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario